Tomé el taxi…
El corazón como siempre se aceleraba
al punto de no querer ir.
Recé por no tener una cita contigo
pero la cita ya estaba
hecha y confirmada.
Miedo al encuentro…
A enfrentarme a mí.
Tu interlocución,
tal vez a una nueva pregunta,
una nueva reflexión,
la tristeza que afloraría:
soledad,
llanto,
la ciencia,
metafísica,
la filosofía de la vida,
lo prohibido…
lo que no se puede hablar,
lo que no podría explicar…
Muerte y vida,
a la vida y a la muerte,
a las ambigüedades
y dicotomías
de los escondites del
Alma mía.
(Para mi gran amigo, anarquista en la espiritualidad y muy comprometido con su crecimiento interior, Rui Manuel.)